Las normativas del EU AI Act sobre sanidad no han frenado el desarrollo de la inteligencia artificial. Funciona, y los resultados son contundentes. Durante años, la narrativa de la IA en el sector sanitario se ha caracterizado por retrasos. Los ensayos clínicos se alargaron. La burocracia regulatoria tardó. Pero recientemente, las cosas por fin se están moviendo. El EU AI Act aborda la IA médica con sumo cuidado, exigiendo una validación rigurosa. A priori suena a barrera, y de hecho lo es para algunas startups. Pero para las que logran superarla, la aprobación regulatoria es el aval más sólido que existe. Pacientes, aseguradoras y hospitales confían en una IA validada. Basta con mirar el análisis de imágenes radiológicas. Ya existen sistemas de IA que detectan ciertos cánceres antes y con mayor precisión que la mayoría de los radiólogos humanos. Se están desplegando en hospitales de toda Europa, mejorando el diagnóstico y liberando tiempo a los médicos. El cambio de paradigma clave pasa de ver la IA como una mera herramienta a considerarla parte integrante de la vía clínica.